África es el lugar de origen y centro de dispersión de la especie humana. Por esa razón su diversidad étnica es la más rica del planeta. Desde los pueblos de raíces hamíticas del Sahara y Sahel a los grupos bantúes de las regiones más húmedas de la periferia de la selva, y desde los pigmeos m’buti del bosque tropical húmedo a los bosquimanos !kung de los desiertos y estepas del sur, el continente posee la variedad más grande de grupos humanos claramente diferenciados.
Las sociedades agrícolas africanas se desarrollaron con la domesticación de ciertos cereales locales, como el sorgo y el mijo y animales de pastoreo (bovinos, ovinos, cabras y más tarde, camellos dromedarios), que permitieron el establecimiento de comunidades más sedentarias en las sabanas y bosques. Este proceso comenzó probablemente en la región del Nilo, en las sabanas del Sudán y Sahel y gradualmente se extendió hacia el sur y el oeste. Por lo menos una parte de la sabana africana es de origen secundario, desarrollada hace algunos miles de años, después de la destrucción antrópica de los bosques intertropicales (sobre todo debido a la quema) a medida que eran deforestados para la producción agrícola y animal.
África en el siglo XV
A mediados del siglo XV, cuando los exploradores portugueses llegaron a África, encontraron una región de sabana alternada con selva, en donde existían numerosos “reinos” pequeños y medianos basados en sistemas de producción agro-pastoriles y una red comercial estructurada a lo largo de las rutas transsaharianas en el oeste, a través del río Nilo en el noreste y a lo largo de las rutas del océano Indico en el este. En general, estos reinos eran relativamente pequeños, con poblaciones que no excedían los 30 ó 40 mil habitantes. A menudo permanecían estructurados en el marco de límites definidos étnicamente; las fronteras políticas separaban pueblos de diferentes culturas, lenguas, dialectos o religiones. La organización era estable, aunque la configuración política concreta podía no serio.
La llegada de los europeos
Los exploradores, comerciantes y fuerzas militares europeas llegaron por la vía marítima. Más tarde habrían de penetrar al interior a caballo, a pie o con embarcaciones a lo largo de los pocos ríos navegables. En la primera fase, su aparición y establecimiento dio lugar al desarrollo de varios puertos costeros. En la costa de Guinea y en los puertos de África oriental surgieron nuevos centros comerciales, particularmente en los puertos de tráfico de esclavos. Los primeros sustituyeron a los oasis comerciales del Sahel. Los segundos fueron gradualmente dominados por las fuerzas europeas expansionistas, que se sobrepusieron a las élites swahili y árabes y tomaron control de la zona costera.
Heredando fronteras irracionales y una estructura colonial
Cuando los movimientos de independencia africana triunfaron, los nuevos estados tuvieron que enfrentarse con las fronteras artificiales que habían sido establecidas por los europeos durante su dominio colonial. En muchos casos, como en el Congo Belga (hoy República Democrática del Congo, por un período corto llamada Zaire) y Tanganica (hoy Tanzania continental), los nuevos estados eran muy grandes, en otros, como en Gambia o Guinea Ecuatorial, eran pequeños o con configuraciones insólitas.